POETA Y ARGONAUTA

Tengo en mi corazón encerrado un Grillo.
Tengo en mi alma las arpas del viento.
Tengo en mi sangre cobre encendido.
Tengo en mi memoria horizontes y sueños.

domingo, diciembre 18

COBRELACION


Nací entre el cielo de cerca pero siempre lejano,
y en el sudor caliente que se derrama en la mina,
entre las cumbres cubiertas de nieve y altura
y en el cuerpo inerte del minero que regresa sin vida.

Mi poesía quedo impregnada de sales sulfurosas,
del oxido amargo de los ojos de mi padre al regreso,
después de haber estado toda la noche terrible
peleando con la nieve, los pumas del frío y el viento.

Abrid la veta que lleva directo a mi corazón,
ved como llene con cobre mis cinco sentidos,
encontrad en la simple cruz de mis tristezas
esta copa de lágrimas que fue mi destino.

Soy el eco quebrado en la soledad de la mina.
Soy el metal impuro que el silencio fragua.
Soy el verbo imperfecto que tañe de viento.
En los pechos de la luna, soy la misma palabra.


Quiero dejar en el fondo obscuro de la mina
este puñado de heridas que me sangran,
por sí de pronto en los crisoles de Caletones
junto con el cobre funden el dolor de mi alma.

Tengo las manos surcadas de cobre y heridas.
Los ojos tristes por herencia de mar y de luna.
Un largo y esclavo silencio poseo en mis huesos,
y de una loica ingrata en el pecho, su tumba.

En las catedrales de los andes se hizo mi voz,
entre los ecos cuarzarios que el viento fecunda.
Y este claro silencio que viste mis verdes arterias
la soledad vegetal de las piedras, desnuda.

Siento la noche quemar azules distantes
en el caudal mineral de mis sueños que lloran,
porque mis sueños nacieron en el cobre que duele
tienen los ojos obscuros de albas y de rosas.

Y en el cobre del otoño que cubre viejas heridas
se forjo este oleaje húmedo de astros y naufragios,
que sabe a la sal que deja a la orilla de la mar- océano
el llanto de las olas que vienen de un lejano infinito.

Algún día se detendrá este corazón de poeta-minero
que pese a tanto remiendo jamás se quedo en silencio.
Porque entones seré mineral de constelaciones profundas,
dejad reposar mi cabeza morena en el regazo de Cristo.

Soy el eco quebrado en la soledad de la mina.
Soy el metal impuro que el silencio fragua.
Soy el verbo imperfecto que tañe de viento.
En los pechos de la luna, soy la misma palabra.


Quiero dejar en el fondo obscuro de la mina
este puñado de heridas que me sangran,
por sí de pronto en los crisoles de Caletones
junto con el cobre funden el dolor de mi alma.

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