POETA Y ARGONAUTA

Tengo en mi corazón encerrado un Grillo.
Tengo en mi alma las arpas del viento.
Tengo en mi sangre cobre encendido.
Tengo en mi memoria horizontes y sueños.

miércoles, diciembre 28

MIEDO


Tengo miedo de olvidar tu rostro
por eso miro un árbol con viento,
escucho los grillos desnudar el alba,
huelo la tierra cubierta de hojas,
toco con todas sus espinas una rosa,
muerdo una manzana en su corazón,
pienso en el mar iracundo de olas
y me duermo abrazado a tu ausencia.

miércoles, diciembre 21

ROCIAL



Me desnudo el corazón como una manzana
para entrar al templo solitario del silencio,
descubro la corona venial de mis heridas
para tactar las raíces lunares de mis huesos.

Acerco mi boca al cáliz del nocturnal rocío
mientras hoja por hoja descrucifico el lucero,
y subo a pie hasta el cobre llevando mis sombras
me visto con los coirones para tactar el viento.

Me visto con esa loica que arde en el crepúsculo
subo a las araucarias para tocar el cielo,
¡mirad adentro de mi corazón argonauta!
sólo soy este puñado de carnes y versos.

martes, diciembre 20

ANGEL LLORANDO FRENTE AL MAR


Ahora, que la pena cava trinchera profunda
quiero sentarme en mi pobre y miserable existencia,
frente al mar
solamente para ver si hay cupo para mis lágrimas en las olas

domingo, diciembre 18

COBRELACION


Nací entre el cielo de cerca pero siempre lejano,
y en el sudor caliente que se derrama en la mina,
entre las cumbres cubiertas de nieve y altura
y en el cuerpo inerte del minero que regresa sin vida.

Mi poesía quedo impregnada de sales sulfurosas,
del oxido amargo de los ojos de mi padre al regreso,
después de haber estado toda la noche terrible
peleando con la nieve, los pumas del frío y el viento.

Abrid la veta que lleva directo a mi corazón,
ved como llene con cobre mis cinco sentidos,
encontrad en la simple cruz de mis tristezas
esta copa de lágrimas que fue mi destino.

Soy el eco quebrado en la soledad de la mina.
Soy el metal impuro que el silencio fragua.
Soy el verbo imperfecto que tañe de viento.
En los pechos de la luna, soy la misma palabra.


Quiero dejar en el fondo obscuro de la mina
este puñado de heridas que me sangran,
por sí de pronto en los crisoles de Caletones
junto con el cobre funden el dolor de mi alma.

Tengo las manos surcadas de cobre y heridas.
Los ojos tristes por herencia de mar y de luna.
Un largo y esclavo silencio poseo en mis huesos,
y de una loica ingrata en el pecho, su tumba.

En las catedrales de los andes se hizo mi voz,
entre los ecos cuarzarios que el viento fecunda.
Y este claro silencio que viste mis verdes arterias
la soledad vegetal de las piedras, desnuda.

Siento la noche quemar azules distantes
en el caudal mineral de mis sueños que lloran,
porque mis sueños nacieron en el cobre que duele
tienen los ojos obscuros de albas y de rosas.

Y en el cobre del otoño que cubre viejas heridas
se forjo este oleaje húmedo de astros y naufragios,
que sabe a la sal que deja a la orilla de la mar- océano
el llanto de las olas que vienen de un lejano infinito.

Algún día se detendrá este corazón de poeta-minero
que pese a tanto remiendo jamás se quedo en silencio.
Porque entones seré mineral de constelaciones profundas,
dejad reposar mi cabeza morena en el regazo de Cristo.

Soy el eco quebrado en la soledad de la mina.
Soy el metal impuro que el silencio fragua.
Soy el verbo imperfecto que tañe de viento.
En los pechos de la luna, soy la misma palabra.


Quiero dejar en el fondo obscuro de la mina
este puñado de heridas que me sangran,
por sí de pronto en los crisoles de Caletones
junto con el cobre funden el dolor de mi alma.

sábado, diciembre 17

DESMEMORIA


I

A la hora húmeda y solitaria del silencio
cuando solamente el tan tan del corazón
acompaña nuestra tristeza derramada
¡Qué ancho es el mar de la noche!

Alzo el grito de mi sangre araucana,
me rebelo contra el sentido de rotación de la angustia,
¡Qué largos minutos de pronto
hacen tan corta la vida!

Un azul de luna
repta por las piedras sudorosas de sombras.
Hay humedad de estrellas
entre los exhumados in-recuerdos.
Cuando el forense, a quien no conozco,
me abra el cráneo como una sandia,
¿me sacará esta voz que me hablo toda la vida
y que insistió el otoño en llamarla hojarasca?
y que insistieron los médicos en llamarla locura,
y que insistieron los brujos en considerarlo un hechizo,
y que insistieron los curas en llamarlo pecado,
y que insistieron los grillos en llamarla poesía.
Y que insistió el Walter pineda en llamarla memoria?

Y cuando exploren
los brujos, chamanes, vampiros y carniceros
con sus largos cuchillo y lenguas
este corazón tan remendado
¿Encontrarán ese dolor lancinante,
y que las alondras bautizaron, tristeza?.
¿Encontrarán de un naufragio argonauta
la proa la popa y el ancla?
¿Encontrarán de una Loica su tumba,
o la cicatriz de la herida que lleva directo a mi alma?

(Dib: Israel Zzepda)

LA PALABRA DE LOS VIENTOS


Mi voz en el viento, en la lluvia y en las hojas,
en el susurro que se desliza en oleaje por los trigos,
en la estrella que acompaña al pobre en la noche,
en la soledad que envejece a la luna con rocío.

Escucho al viento en su evangelio de lejanas voces
cuando cada estrella con azul melancolía acuchilla.
Escucho al viento en su poda estacional de poetas
cortando para el otoño solamente las hojas necesarias.

Mi corazón en la pasión de los que sufren,
en el adjetivo de las piedras que su silencio,
En el rostro que tiene la muerte en la mina,
y el vacío que deja su rosa en el pecho desnudo.

el suave aroma de los boldos cuando duermen,
el canto del chucao electrificando las lengas,
y lo que dice el río que baja riendo desde los andes

CANTAR LA LLUVIA



Desvelado, aquí en el silencio, escribo solo.
Bajo el halo de plata de una luna tibia
me han abierto el corazón con una alondra,
y siento en mis huesos el filo de la lluvia.

¿Sabrán los grillos porque la rosa de sus lunas
sangra profunda y perfumada en mis espinas?
¿Sabrán mis hojas que se van y no regresan
porqué están húmedas de azul melancolía?

Este miedo que duele, este miedo que sangra
me muerde el corazón en la noche infinita,
son sus ojos ciegos, los inmensos abismos
que me ahogan en tristezas cuando en mí se fijan.

¿Sabrán las olas que de los mares se me escapan
que el nitrato de sus espumas son mis lágrimas?
¿Sabrá el álamo que el óxido de sus ramas
viene desde fondo mineral de mis heridas?

Abril dice el calendario que cuelga en el muro,
es mayo aquí en esta hojarasca que me asila,
es junio en las tumbas que con ellas se cubren,
y julio en los crepúsculos que las crucifican.

La noche humedece su negro trigal, llueve.
Mi silencio viste su oleaje con estrellas salinas.
Esta noche mi corazón cicatrizó sus penas.
Por el lagar de mi sangre corre cantando la lluvia.

Poeta y argonauta


Sé que soy un poeta con el pecho crepúsculado,
como si una loica me hubiese clavado su cuchillo.
Sé que soy un minero que ciego la noche cava
buscando la veta sewellina que ha perdido.

Pero he aquí el poeta argonauta, el alquimista.
El hombre que tiene encerrado adentro un niño.
El niño que de tanto soñar con todas las estrellas
desde entonces jamás se pudo quedar dormido.

Viento que soplas y soplas sobre mis nostalgias
y arpeas en las hojas que cubren el dolor mío,
mientras esta noche la lluvia cae sobre el mundo
llévame en tus alas que quiero volver ha ser niño.

Porque quiero volver a los brazos de mi madre.
Ser arrullado junto a su pecho oyendo miles grillos.
Y soñar otra vez con todas las estrellas y mares
hasta entrar en el sueño, lentamente y sin frío.