POETA Y ARGONAUTA

Tengo en mi corazón encerrado un Grillo.
Tengo en mi alma las arpas del viento.
Tengo en mi sangre cobre encendido.
Tengo en mi memoria horizontes y sueños.

jueves, marzo 30

CUANDO LA NOCHE SE DESNUDA



Cuando la noche se desnuda,
Y su genital mano me toca el corazón,
viejas heridas sangran luna nueva,
y días y horas ya vividas salen de sus tumbas.

En el llorar alado de una campana
se me humedece este silencio que me esclava,
se me humedecen los versos que me sostienen,
y amanezco con el alma llena de caracolas rotas,
y es que el mascarón de los naufragios
tiene sal en sus sombras y en sus ojos,
tienen cobre intacto en las rosas de sus anclas,
tiene loicas abiertas en su pecho.
Por eso a la hora del lucero carnal
salgo enmascarado con el corazón a la caza de brujas,
y bocas, pechos, manos y sexos
son tomados a punta de besos,
cabezas, manos, lenguas, orejas
son cortados a filo de luna,
cauterizo mis heridas con estrellas
y lleno mis bolsillos con las hojas
que se quedaron desnudas sobre el camino.

Quiero olvidar lo amargo de unos besos,
besando la más dulce de las bocas.

Cuando la noche me toca el corazón
el grillo que en mi pecho vive
quiere salir a cantar su tristeza
y llamar a la lluvia para lavar sus heridas
y buscar una alondra para pasar
el invierno de este dolor.

jueves, marzo 2

HOY NO QUISIERA LLAMARTE COBRE


Y hoy quisiera no llamarte Cobre.

He caminado por lo abandonado,

he regresado a lo que fue dejado

en las manos de la muerte más lenta,

mi lámpara abrió no sólo las sombras

donde con oxido de rosas,

el tiempo se olvido del sentido

de rotación de su luna.

Hoy no quisiera llamarte Cobre.

Quisiera alzar desde las piedras,

los nombres que en el lagar del sudor

fueron tejiendo toda esta dura hojarasca,

y quisiera llamarte Víctor, Juan, Manuel,

Antonio, Miguel, Mario, Pedro o Gustavo,

y soplar quisiera dentro de tu silencio

para encender la sangre

hasta llenar esta copa que besa mis labios.

Y no quisiera llamarte Cobre,

sino Navarro, González, Sanhueza, Miranda,

Zamora, Letelier, Llanca o Pino,

y poblar la noche con el cuarzo estelar

con que el tiempo escribe su evangelio.

En este fragmento mineral

que sostengo en mi mano

quisiera dejar del espino su soledad,

del océano que sufre en sus huesos naufragio

el perfume salobre de sus olas,

del viento su palabra,

del cóndor rey el heraldo de sus alas,

del desierto su abandono tan desnudo,

de los que se marcharon sin aviso

y extrañamos tanto cada luna

el mejor cobre que ellos fueron.

Hoy no quisiera llamarte Cobre.

Tengo en mi corazón los nombres

que con el paso incansable de los años,

con estrellas se mineralizaron.