POETA Y ARGONAUTA

Tengo en mi corazón encerrado un Grillo.
Tengo en mi alma las arpas del viento.
Tengo en mi sangre cobre encendido.
Tengo en mi memoria horizontes y sueños.

sábado, abril 22

CAMINANDO POR EL UNIVERSO


Los poetas han abarcado todos los temas con su lira.

El amor con su fuerza tremenda.

El dolor con su rosa iracunda.

La muerte con su aguijón terrible.

Los sueños más profundos con su corazón enloquecido.

Sin embargo, hay una poesía intacta, que espera en su crisálida cósmica que los poetas la despierten, que espera, y ha esperado tal vez desde el comienzo de los tiempos.

Esta poesía intacta, no encadenada, es la que hemos idos descubriendo con lo maravillosos instrumentos que para la astronomía se han inventado, estos ojos fríos, de pupila profunda, han penetrado los abismos del universo develándonos toda una maravillosa belleza, de pronto abismante, de pronto inquietante por lo que detrás de ella pareciera existir.

Quiero, estimado amigos, invitarlos a recorrer esta poesía estelar que nos hace sentir que lo que somos de verdad, en la inmensidad del universo somos tan solo una esfera tan insignificante que hasta miedo nos provoca pensar que en realidad somos apenas un grano en las playas cósmicas del espacio.

Cuando nos contemplamos a nosotros mismos navegar en medio las oscuridades más frías, qué solos nos podemos sentir. Vamos navegando en medio del silencio acompañados por esta musa que nos ha despertado sueños y temores.

Nuestro barco es esta esfera azul que hunde su proa de tormentas en el tiempo.

Nuestra acompañante nos mira con su fríos surcos infértiles de rosas y álamos, donde las huellas de los hombre son ecos perdidos en el silencio.

Levantamos levemente nuestros ojos y miraron nuestro barrio cósmico.

Este es el Dios de los Incas, el Dios de los Aztecas, este es el pare el alba, este es el dueño de nuestros crepúsculos. Esta naranja que se quema en su propio lagar.

He aquí la virginal Venus, la que inspirara a tantos escritores con fantásticas civilizaciones de hombres puros, cabellos rubios, ojos celeste. No es más que un mundo más que parecido a un paraíso es un infierno de volcanes que vomitan ácido sulfúrico, y cuyos leños arden bajo el peso de sus propios pecados.

He aquí Marte, tal vez el próximo paso de nuestros exploradores, sus rojas arenas nos habla de un poesía que sufre la soledad de la muerte, donde a veces el viento levanta su grito desesperado por una sola hoja de álamo en medio de un otoño que yace en lo más hondo de sus piedras.

He aquí el Dios Júpiter con su conflicto de tormentas eternas.

Sus lunas son mundos donde el hielo, los volcanes más lejanos izan cuan banderas ardientes sus voces. Mirad esta soledad muerta, mirad los surcos que no conocen el pie humano, mirad sus tormentos de dolor, y pensad que después de todo, ahí en medio de estos parajes esta la poesía encadenada a las profundas raíces del silencio.

He aquí Saturno con sus anillos, es probablemente un verso que gira y se desgasta en cada invierno.

He aquí Neptuno, azul profundo, mar detenido en su mortaja de sales. Espejo de los cielos.

He aquí el más pequeño y solitario navegante, plutón, con su luna Caronte, donde el tiempo pareciera dormir 250 años terrestres.

Desde lo más profundo de los sueños, de vez en cuando nos visitan estos mensajeros de dios, con sus velos, nos han visitado desde que el mono decidió bajarse del árbol, y en su fría caminata cuanto miedo nos han despertado. Viene, van, y vuelven cuan Pegasos con sus huellas en el cielo.

Levantemos, pues nuestros ojos hacia otros huertos, donde dios teje y descansa el séptimo día.

Estas luciérnagas que arden lejanas. Estas antorchas al otro lado del tiempo, he aquí tal vez la poesía más vieja del universo.

Estos racimos de luz no tocada. Estas uvas que arden sus lagares distantes. Estos surcos donde Dios juega.

He aquí la poesía más lejana y más vieja. Estos gemas. Estos cobres. Estos metales de ardiente corazón. Donde el silencio no se atreve a poner su canto. Esta poesía llena de metáforas luminosas, de imágenes divinas.

He aquí la poesía que espera ser soñada.

Sed testigos de los Picasos del silencio. Los Dalí que Dios guarda en su huerto. He aquí la poesía en su estado puro. Ardiendo. Llamando con sus fogatas celestes. Cuántos enamorados las han prometido por un beso de su amada, estas son las estrellas que noche a noche brillando en nuestras noches, estas son las que los poetas hacen arder en sus versos, estas son las que nos han robado más de un pensamiento cuando vemos tan solo la luces de sus barcos.

Es esta la poesía de la les habla, de la poesía Viva, de la poesía más vieja del universo, he aquí los sarmientos divinos, los lagares donde Dios hace su vino.

QUASAR

A medio camino de la estrella más cercana,

con el feroz viento golpeando con obscura mano

el velamen encendido del corazón,

abro mi silencio y dejo escapar las hojas.

Abro mis alas de pájaro imprudente

y remonto las aguas astrales

con el cuchillo pétreo de mi canto.

Desnudo como el astro que quema sus leños

sumerjo mis manos en el alto océano,

me alimento de lo intocado que madura en lo solo,

bebo tierra preñada de lejísimos genes,

rompo el duro encuarzamiento de lo invisible

y con la alquimia territorial

con que una rosa abre su corola

y desenvaina sus espinas en defensa de su Dios,

subo por la savia que hace arder la noche

hacia lo geológico y vesperal

de esta iracunda luna que se desgasta sola.

A medio camino del universo más abandonado,

pierdo forma, y de pronto,

mis manos, mis ojos, mis huesos

no los encuentro en la negrura virgen,

sé que tacto con mis dedos el filo frío

pero no veo la mano con que escribo,

sé que camino, siento las piedras herirme los huesos,

pero no escucho el eco que debiera seguirme,

pero, ¿ Dónde está el pie que muevo ?

¿ Es mi sangre la que arde o es el metal

fundido que busca crisol para soñar una estrella ?

¿ Es mi carne y son mis huesos,

estos fragmentos de tierra ?

y al mirar todo esta inmensidad

¿Hay algo más lejano que nuestro corazón?