POETA Y ARGONAUTA

Tengo en mi corazón encerrado un Grillo.
Tengo en mi alma las arpas del viento.
Tengo en mi sangre cobre encendido.
Tengo en mi memoria horizontes y sueños.

jueves, septiembre 20

RUEGO I


No sé si tendrás tiempo de atender esta súplica
que a ti sube entre el silencio y las sombras,
de los árboles lejanos que enhiesto se duermen
con su reino verde de crucifijos y hojas.

Tú, que por ser Dios todo lo puedes ver y saber,
puedes aplacar lo que en mi corazón quema,
este dolor que me consume con sus llamas,
esta angustia que me ahoga y me atormenta.

A la orilla poniente del angosto silencio
mi alma que te grita como si fuera Bartimeo,
como Lázaro dejado en el fondo del sepulcro
espero tu voz que me ordene y yo obedezco.

Tal vez como el centurión romano te rogara
bastará que Tú lo digas para que así sea,
arrepentido en la voz de Dimas te clamo
como sí estuviera clavado a tu derecha.

4 comentarios:

cieloazzul dijo...

Una suplica que estremece...

mil besos querido poeta!

Adise dijo...

La mejor persona para atender a nuestras súplicas somos nosotros mismos, será que somos los que más nos esforzamos por entendernos...

Un beso.

Gigi German dijo...

Estoy segura, que tus suplicas serán escuchadas, ese Dios es lo máximo, siempre saca tiempo para sus hijos.

Besazos bellura de poeta!

Trini dijo...

Ojalá que sí, que escuche esta súplica, que escuche todas las súplicas que brotan del corazón.

Saludos