
Un día aburrido de mirar el crepúsculo,
de contar siempre las mismas hojas,
entré de pronto en un trance geometrista.
Contemplo la montaña,
su quieto silencio me silencia,
y mientras recorro su óleo
me voy adentrando en el romboide imperfecto de mi corazón,
voy sintiendo la forma que tiene la tristeza,
la trigonometría que adquiere el dolor,
la desilusión parece un ángulo deforme,
el desencanto es un polígono cuchillo,
la forma que más se acerca a la alegría
es sin duda una media esfera,
la tristeza es la otra mitad de esta luna,
y el luto es un rectángulo obscuro
cuya forma varía según lo profundo de la herida.
Perpendicular a la noche
que tangente avanza por la ecuatorial
elevo a la raíz de infinito mi nerval arboladura,
en el triángulo del viento que escribe su intocado verbo
un paralelepípedo mendigo se alinea con un astro olvidado
sacude sus penas y se queda dormido en su metro cuadrado.
La vida es un poliedro cuya base es un rectángulo,
la muerte es un rectángulo cuya altura es un poliedro.
La imprudencia, el descriterio y la lengua
en su coseno más cercano al cero es un elipse planetaria.
La traición es un rombo, la mentira es un prisma obscuro,
la lealtad es un radio de ese circulo.
El hombres y sus sentimientos
en la trigonometría de este universo en génesis eterna
es solamente una línea buscando su ángulo, su rumbo y su luz.
Yo, imperfecto como siempre, sólo polvo,
pecador por herencia adánica
bajo los fragmentos nocturnales del silencio
escuchando podar al viento,
me pregunto ¿ Qué forma tendrá un sueño ?



