
Al milagro de Dios llamado Amor,
a la mujer que parió un día de Agosto un hijo
y puso en su torrente de sueños una estrella
y una insana cordura llamada poesía.
A quienes amaron un día
con la intensidad de tierra en celo,
y ahora lloran la soledad de las horas
y viven un poco exhumando recuerdos.
A quienes amaron una noche
y desde entonces son esclavos del tiempo,
de las hojas tardías del álamo,
de los besos ocultos sin luna,
del sufrimiento que se eterniza en el alma.
A los que seguirán, como pocos ayer,
como pocos hoy,
y como pocos mañana
ciegos las razones del corazón.
A quienes creyeron amar una vida
y se encontraron de pronto con las manos vacías,
con el sabor de las olas más tristes en los labios.
A la que dio su flor intacta bajo la luna.
A los que el amor nunca los llamará por su nombre.
A la que soñó ser poseída y siempre despertó sola.
Al que amó tanto que se olvido del amor.
A la que amó y fue traicionada
Al que sólo le importa robar lo intocado.
A los que se aman en el silencio de las miradas.
Al que una noche se olvido de despertar y murió en los brazos.
A la que talvez espera todavía en la parada del bus.
Al que amó una sola vez en su vida.
A la que una noche lejana y cercana robó a punta de besos.
A la que no se puede nombrar por decreto supremo.
A la que quiso amar y no pudo.
A los que nunca podrán ser amados.
A la que desea solo la muerte para empezar a vivir.
A los que encontraron el amor tarde en su vida.
Al que le robaron su amor por desgracia
y al que perdió el amor por descuido.
A la que descubrió una noche su miedo al amor.
A la que mando el mundo a la cresta y se quito el vestido.
A la que nunca dio su nombre y huyo en el alba
dejando el calor de sus pechos violentos.
Al que ahora sin amor llora el destierro.
A los que pese a todo creerán que el amor todo lo puede.

